Yo te contemplo en mi interior profundo, irradias tu fulgor y me embelesa tu caudal de divina caridad. Cuerpo y sangre de Dios, Eucaristía, manjar del alma, Vida espiritual, milagro del Amor, que hace inmortal la esencia que con fe reza y confía. Te ofreces, mi Señor, día tras día, en el pan y en el vino del ritual que revive tu acción trascendental, tu sacrificio, amante profecía. Permaneces aquí hasta el fin del mundo cumpliendo tu Palabra, la promesa que consagró en la Cena tu bondad. Me has abierto la entrada al Santuario, tras la cortina inicio mi camino, con tu agua purifico mis pecados, no pides oblación y sacrificio. Sólo traigo mi pena y mi dolor, mi pesar por haberte abandonado, por el tiempo perdido en la ilusión de encontrar en el mundo mi remanso. Mi ofrenda del dolor no la desprecias porque me forja libre y trascendente. ¡Enalba mis sentidos, mi conciencia, y viviré en tu reino con mi muerte!. Aquí estoy para hacer tu voluntad, para darte los frutos de...
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